¿Cuántas veces han oído o leído que jamás deben comenzar un texto con una interrogante?, yo, muchas, pero la verdad no sé de qué otra forma dar inicio a esta crónica. Y es que, ¿a quién no le gustaría poder decir sólo cosas buenas de su ciudad? Lamentablemente en mi caso, aún cuando amo el Distrito Federal, no puedo pasar de largo sin apuntar con un acusador dedo índice sus rincones más obscuros y trágicos.
Naturalmente no todas mis andanzas se han limitado al primer cuadro de la ciudad de México. De ser así este blog sólo contaría con veinte entradas. También he tenido la oportunidad de conocer las zonas menos agraciadas de la capital. Justo sobre una visita que realice a una colonia tristemente popular de chilangolandia, es que trata esta entrada. Bueno, no exactamente acerca de la visita en sí, más bien sobre algo curioso que me pasó en el trayecto.
Como ya dije me dirigía a cierta colonia a resolver un asunto por demás desagradable, tanto que no pienso dar detalles al respecto. Tomé un transporte colectivo en la estación del metro Indios Verdes, no sin un racional miedo a llegar sin vida o sin pertenencias a mi destino. Aparte de la ya conocida deficiencia en el servicio, el viaje me resulto bastante incomodo gracias a que no alcance a ocupar un asiento. La desagradable atmosfera de olores que predominaba en el lugar no hacía más placentero el trayecto, sin embargo servía de distractor tratar de adivinar su origen.
Mientras me dedicaba infructuosamente a emular a Jean Baptiste Grenouille, el transporte había dejado atrás el caótico tráfico de la avenida Insurgentes y tomaba la Eje 2 norte con destino a… bueno, al norte. Vencido por las nauseas dejé de respirar y de pensar que sería agradable tener el poder olfativo del personaje de Süskind, así que me dediqué a ver por la ventana el triste contraste que representa nuestra realidad. Es increíble como basta con una cuadra para dejar de ver mansiones para contemplar arrabales. Santa fe es el mejor ejemplo de lo que digo.
Me encontraba a sólo una cuadra de mi destino cuando un impertinente semáforo se interpuso. El conductor, que extrañamente jugaba carreritas con un colega suyo, frenó de forma poco sutil, lo que llevó a la mitad de los pasajeros que íbamos de pie, a los pies de quienes disfrutaban de un asiento. Mientras me levantaba lentamente gracias a un dolor agudo en mis riñones a causa del codo de otro pasajero, mi mirada descubrió que en la banqueta se desarrollaba una escena sumamente infausta. Una chica de no más de diecinueve años vestida de colegiala y de modo muy provocador, platicaba misteriosamente con un sujeto de no menos de treinta que se le había acercado. La mujercita tenía eso que los poetas llaman “resplandor propio”, “aura angelical”, “sonrisa de musa” o cosas así. Su apenas desarrollado cuerpo resultaba un alago a la vista y su profesión una invitación al pecado. Efectivamente, como ya algunos lo habrán intuido la nena ejercía el oficio más antiguo del mundo.
Enfundada en su traje de Mesalina, la pobre niña comenzó a asentir a algo que le decía aquel tipo, al mismo tiempo que daba la vuelta y se internaba en un viejo edificio que estaba a sus espaldas. Sólo hasta ese momento caí en la cuenta que se trataba de un hotel de esos donde la renta de una habitación es de dos horas. La joven meretriz me había cautivado, no lo voy a negar, y cuando jamás he pagado a cambio de placer (generalmente soy yo el que recibe ofertas) me decidí a no perder la posibilidad de realizar mi buena acción del día y quién sabe, con suerte, encontrar el amor.
Ni tardo ni perezoso me apeé del microbús y salí corriendo tras la indecente pareja. Al entrar a la hostería me percaté con alegría que mi ninfa y el pérfido estaban por entrar a la recepción. Sin el impedimento y la distorsión que representa el opaco cristal del colectivo, la belleza de la mujercita resultó despampanante, la falda escolar que llevaba arriba de las rodillas hacía sentir empatía por Nabokov, la suave piel resplandecía a la artificial luz del vestíbulo y la brillante sonrisa de la que era propietaria cautivaba más que las 72 vírgenes prometidas por Mahoma. En eso pensaba cuando la cosa mejoró todavía más, ella volteo a donde me encontraba yo y me bendijo con una sonrisa coqueta y cargada de valor. Tanto que me animé a decir lo que pensaba desde que bajé del transporte.
-No lo hagas- dije y teatralmente le extendí mi mano como esperando a que reaccionara como protagonista de telenovela corriendo a mis amorosos brazos- hay otras formas.
En ese instante la sonrisa desapareció, para colmo el infeliz que la acompañaba me obsequio una mirada retadora, la cual por supuesto devolví. Como sea la que me importaba era ella, sin embargo ya no me miraba con ternura, peor, lo hacía con desconcierto que amenazaba con volverse ira.
-Perdón, ¿te conozco?- Oír su voz resultaba todavía más lisérgico que ver sus piernas, era melodiosa y tranquila, como un grupo de gorriones cantando en mi ventana una mañana de verano, o algo así.
-Yo sé que no, pero si quieres podemos conocernos, a mi me encantaría, pero por favor no entres con este tipo. Si quieres te pago lo que hayas acordado con él, sin pedirte nada a cambio. Es más, te invito a dar una vuelta.
Lo mejor para mi ego y salud mental sería dejar de narrar en este punto. Lo mejor para el aprecio que puedan tenerme los que lean esto sería dejar de leer. Pero como mi salud mental ya está bastante dañada y como además no son muchos los que dicen apreciarme, pues le sigo.
-Perdone, no sé de qué está hablando, pero sí le digo que ella no va a ningún lado con usted- dijo el infecto sujeto mientras apretaba del brazo a mi Mujer bonita región cuatro.
-Contigo no estoy hablando, pendejo, vergüenza te debiera dar. No te pones a ver que eres mucho más grande que ella, seguro y hasta estás casado- dije categóricamente y me preparé para arreglar el asunto a golpes.
-¿Tú conoces a este cabrón Luisa?- le preguntó al objeto de mi admiración y aderezó la interrogante con un violento jalón del brazo.
-¡No puede ser!, además sabe su nombre, seguro es usted cliente habitual- casi grité, pero ellos no parecieron oírme. Gracias al cielo que fue así.
-No papá, te juro que nunca en mi vida lo he visto- contestó ella y me miró, ahora sí, con ira.
Triste y apenado salí del lugar en el que mi cuasi suegro trabajaba y donde lo visitaba mi cuasi novia. Tras caminar la cuadra restante llegué a mi destino, empero hicieron falta muchos kilómetros para dejar de desear ser tragado por la tierra.

Unos minutos invertidos en leer algo bueno y entretenido. Buen cambio de imagen; le da mas presentacion a tu Blog, ya de por si, atractivo por el contenido. Ha esperar el proximo fin de semana. Nos leemos...
ResponderEliminarPD: @"Alex Correa": Parece que te exhibieron publicamente. Mejor ve a comentar "lAs FoToS dE tUs AmIwOs" en Facebook. Saludos...
Bueno carnal que te digo, el de las quinceañeras me parecio un poco crudo para mi gusto, digo a mi no me ha pasado, y no puedo dercir que no me pasara por que hay cada sorpresita que uno se lleva. El de Lolita de mi corazon me hizo reir y sobre todo por la parte en que la susodicha le responde al padre, por cierto me acaba de llegar una pregunta a la AZOTEA ¿Que hacia el padre con su hija en un motel? espero una pronta respuesta...
ResponderEliminarme tengo que retirar, espero que siggas subiendo mas entradas y la ayuda para crear mi blog que todavia no se de que lo voy a hacer...
me despido no sin antes mandarle un beso, un abrazo y un afectuoso saludo a MI CUÑADA, Jenny gracias por ser mi cuñada te quiero, nunca cambies (carajo, eso se oyo cursi)...
bueno, ahora si me voy...
cuidate...
bye
WORALES guapo, ¿Qué pensabas que era la colegiala ehhhh? ash... tu y tú sucia mente.
ResponderEliminar¡No puede ser!.
Pero bueno, me gustó esta entrada y no puedo creer que pensaras eso del pobre señor que lleva a su hija al trabajo, mmmmmmmmmm...
Imagínate que la colegiala hubiera sido lo que pensé, HUY bueno sabemos que "Con el dinero se puede comprar la cama, pero no el sueño, hasta la amistad, pero no el cariño."
Además de que el más rico es aquel cuyos placeres son los más baratos.
Queda aclarado que MI CHILANGO Y YO, SOMOS MILLONARIOS.
pd. saludos y no cambiaré cuñado ehhhh... (y sí, en efecto eso se leyó cursi).
buena anécdota, espero la siguiente un saludo.
ResponderEliminarYo sigo esperando la siguiente entrada!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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