sábado, 1 de enero de 2011

Sexo DFectuoso

Como ya comenté la ocasión anterior, la mayor parte de mi tiempo, tras mi llegada a la Capital, la dedicaba al feliz descubrimiento de mi sexualidad. Y no es que goce de suerte con los homo sapiens del género opuesto, ni mucho menos. Antes bien, y por amor a la verdad, he de admitir que mi suerte es más bien irrisoria en lo que al ritual de apareamiento se refiere. Esto es así desde antes de llegar al Distrito Federal. En realidad creo que una de mis principales motivaciones para emigrar a la jungla de asfalto fue precisamente esa, la de encontrar hembras de mi especie para practicar el extraño ritual del coito.
Para otras especies es relativamente sencillo aparearse con sus hembras, pues estas buscan lo mismo que ellos. Por ejemplo, los pingüinos, a menos que se vuelvan homosexuales, logran reproducirse y mantener su especie con la única condición de que sean los machos los que cuiden a los neonatos. Yo no tengo complicaciones en convertirme en niñero a cambio de un poco de amor. Sin embargo con las hembras humanas la cosa es más complicada. Esto no es raro, aunque sí me costó trabajo entender porqué. El problema es que nuestra especie es la única que se esfuerza en NO reproducirse.
El día que me enteré sobre mi aceptación en la universidad la mayoría de las reacciones a mí alrededor eran de felicitaciones y consejos. “échale ganas mijo” comentaba algún tío, “no te distraigas de los estudios” decía la abuela… etc. Pero de todos los consejos y congratulaciones recuerdo con gran cariño la de uno de mis compañeros de clase. “felicidades cabrón, ahora sí vas a poder encontrar vieja, con suerte y te ligas en el Zócalo a una  turista , una gringa, o mejor aún, una europea. Pinche suertudo”.
No negaré que la idea resultaba tentadora. ¿A quién no le gustaría mejorar la raza? Quizá por eso al principio no pasaba yo del primer cuadro de la ciudad. Sin embargo un impedimento insuperable deshizo mis ilusiones de esparcir mi simiente por todo el globo. Y es que nunca he podido separar el sexo de la lengua. ¡Ah, pillines, sé lo que están pensando! Me refiero al idioma. No sé como relacionarme con personas que no sean hispanohablantes. Porque, como dirían mis hermanos de Helio CREW, no importa que tan bueno sea el hardware si no es compatible con el software. O algo así. La verdad es que nunca les he entendido bien, aunque tampoco importa, esos güeyes saben más de computadoras que de mujeres, por lo que no podría asegurar si es cierto o no.
Aún así no pienso hacerme pendejo y decir que no lo intenté. En más de una ocasión deambule por las calles de Madero, Donceles y Moneda  buscando emparentar con sajones, catalanes u orientales. Al final de cuentas, mi único logro internacional fue establecer los primeros contactos con una chica en la calle de Uruguay.
Cuando al fin me di por vencido fue la tarde del 7 de octubre del año 2001 (no pregunten porqué tengo tan presente la fecha). Ese día me decidí a plantar mi estandarte en territorio extranjero. Después de caminar durante 6 largas horas por el centro histórico de la Capital, sin decidirme a atacar a ninguna fémina, comenzaba a rendirme cuando las últimas energías de mi lívido dirigieron mis pasos a la entrañable alameda central. El paisaje es insuperable, de un lado la Iglesia de San Hipólito (misma que años después se vería invadida por una gran cantidad de Homo Reggetonus), al otro costado el hemiciclo a Juárez. Pero nada comparable con la vista que ofrecen la torre Latinoamerican y el Palacio de Bellas Artes con sus estatuas dedicadas a Ludwig van Beethoven. En fin, el caso es que ya me encontraba dispuesto a tirar la toalla, estaba a unos pasos de la estación del metro Bellas Artes, cuando una visión angelical me detuvo en seco. Un hermoso espécimen de piel blanca y ojos verdes cautivo mi ser. Vestía jeans azules con notorio desgasto en las rodillas y una blusa verde agua que se ajustaba perfectamente a sus bien marcados pechos. Ni tardo ni perezoso me acerque con extrema cautela (las hembras de ésta especie son sumamente precavidas, cualquier ruido las pone en alerta y en esos casos suelen ser demasiado peligrosas) y una vez teniéndola en frente le dirigí estas palabras:
-       Jelou, may neim is X. juats yur neim, chiquita?
Su reacción tardó en definirse, bien podría estar al borde de un ataque de risa, como de uno de pánico. Muy a mi pesar nunca podré saber su respuesta. Acababa yo de hacer mi brillante presentación en perfecto ingles –yea-, cuando apareció su indómito y galante comprometido (dígase “su pinche novio”). Lo más sensato habría sido darme la vuelta y aceptar estoicamente mi evidente derrota. Claro que yo nunca he sido sensato. Como además el aludido me miraba despectivamente yo reaccione al más puro estilo mexicano.
-       Juats yur pedo, cabrón- dije.
Lo que pasó a continuación me dejó helado. Siempre estuve preparado para liarme a golpes por la damisela, en caso de ser necesario me batiría en duelo por aquellos ojos verdes. Pero nunca me esperé la muestra de desprecio de la que fui victima.
-       Vente mija, este güey está pendejo- Dijo, en perfecto castellano por cierto.      

4 comentarios:

  1. Al que lea este articulo y no lo entienda seguramente es "regaemierdero", emo o profesor de carrera universitaria. Dedo pulgar arriba al escritor, gracias por linkear a nuestro Blog y como nota, hay veces que resulta mas facil combinar el hardware con el software que tener un digno encuentro de placer. Ya esperamos la siguiente publicacion... =D

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  2. Oiie nO esperaaa..! iiO qiierO saber qe mas pasO..!!!! aaaaaaaaaaaaahhhhhhh jajajaja aunqe hubiiese siidO mejOr qe saqaras the lenguaje nahuatelesqO qn el qOntiinuamenthe me mOlestabas ¬¬'

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  3. uuuuuuuu
    de galán queriendo conqistar a extranjeras ehhh
    que bien que te mandaron a la fregada.
    Ah y (no entiendo cómo es que no te hizo caso, eres muy guapo).
    pero FELICIDADES POR CADA LOGRO

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